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«Evolucionar es desarrollar nuestra capacidad de amar»

Tulip Festival, Ottawa (Canadá).

Tulip Festival, Ottawa (Canadá). [Foto: A. Alvarez]

El sistema que controla y al que el individuo está conectado, entendido como el conjunto de acciones que llevamos a cabo en nuestro día a día, concibe la evolución del ser humano como una cuestión cuantitativa y materialista. Es decir, venimos a este mundo sin nada en los bolsillos y a ver cuánto seremos capaces de llenarlos antes de que nos llegue la hora de irnos, nuevamente con ellos vacíos. Aún para quien, de forma exclusiva, entiende su vida como ir subiendo peldaños en la escalera del dinero y el éxito, basando su existencia en la única oportunidad que para estas personas representa la vida terrenal, parece un contrasentido el afanarse en hacer acopio del mayor número de bienes materiales posible sabiendo que, tarde o temprano, aquí se quedarán y no podrán llevárselos consigo tras su muerte.

Han sido numerosas las culturas en la civilización humana que enterraban a sus muertos con objetos materiales de todo tipo y riquezas con el fin de que siguieran disfrutándolos en el más allá tras la muerte. Sin embargo, no han sido pocos los hallazgos arqueológicos que demuestran que tales bienes materiales siguen en el más acá.

Hay quien, sin embargo, sostiene que la evolución humana poco o nada tiene que ver con un componente material. Y a este respecto es muy interesante lo que, en una charla para el canal Somos Alma, nos dice el divulgador y Doctor en Ciencias Químicas, Vicent Guillem:

El objetivo de la vida no es sufrir, sino evolucionar para ser cada vez más felices. Y cuando hablo de evolucionar me refiero a desarrollar nuestra capacidad de amar.

A la hora de desarrollar esta idea, Guillem hace una curiosa y acertada distinción entre sabiduría e inteligencia:

Para mí la sabiduría es el conocimiento de los sentimientos. La inteligencia es el desarrollo de la mente; la sabiduría es el desarrollo del amor. Una persona auténticamente sabia es la que se ha desarrollado en los sentimientos. Una persona que no tiene sentimientos y conoce mucho a nivel mental es inteligente, pero no es sabia. Venimos a la vida a adquirir sabiduría con el objetivo de ser más felices. Si no lo somos es porque todavía estamos, a nivel evolutivo, bastante verdes.

Tiene claros tanto la causa como el remedio al sufrimiento existencial:

La raíz principal del sufrimiento es el egoísmo del ser humano. Y el trabajo está en ir eliminando egoísmo e ir desarrollando la capacidad de amar. Lo que sucede es que como no llega a ser consciente de que venimos a ésto, pasa la vida y no hemos aprendido nada.